Diciembre de 2020.
Los números más altos de mi vida. El "año dorado" que había construido con tanto esfuerzo. Y yo ahí, tirada en mi cama ocho horas completas, completamente vacía, incapaz de celebrar lo que había logrado.
¿Cómo había elegido un éxito que se sentía tan amargo?
Había sido la alumna perfecta. Seguí cada estrategia al pie de la letra. Apliqué cada técnica que prometía el oro... y lo logré. Pero sacrificando mi bienestar en el proceso.
Cada mañana me levantaba a interpretar el papel de "emprendedora exitosa": sonreír cuando no tenía ganas, verme "profesional" cuando mi naturaleza pedía otra cosa, seguir rutinas que me drenaban porque "así es como se hace".
Todos me decían: "así es emprender", "el éxito requiere sacrificios", "tienes que ser más disciplinada". Y es que yo ya era disciplinada. Solo estaba enfocando mi disciplina de forma equivocada.
Había construido una cárcel perfecta con barrotes hechos de "mejores prácticas". Un negocio que en vez de energizarme, me drenaba.
Hasta que una amiga me mencionó el Diseño Humano.
Había probado libros, cursos, mentorías, terapias... algo siempre se perdía entre la teoría y la práctica, porque no se sentía decidido por mí.
Mi forma natural de ser nunca había sido el problema. El problema era que solo conocía una forma de vida, y estaba viviendo la vida de otra persona.
Por primera vez alguien me dijo: "esto que siempre te dijeron que estaba mal, es exactamente lo que necesitas para ser exitosa de verdad".
Entendí que no existen dos seres humanos completamente iguales, como para determinar que lo correcto para ti es correcto para mí.
Y cuando observé cómo esto funcionó en mí, decidí certificarme para poder compartirlo a otros emprendedores.
Siempre me ha gustado ir a la fuente más cercana al origen de las cosas. Así fue como llegué a la formación con The Human Design Lab, y a través de ellos me certifiqué oficialmente con el IHDS (International Human Design School) y HDH (Human Design Hispania).
Entender lo que te hace diferente es la clave de tu éxito personal, y por consecuencia, también el profesional.
